Una travesía por el Altiplano profundo del Atacama
Este no es un tour de puntos aislados.
La Ruta de los Salares es una travesía por el Altiplano Andino — donde el camino es tan importante como los destinos. Un día completo cruzando paisajes amplios, remotos y poco habitados, donde el desierto revela su escala más profunda y silenciosa.
Salimos de San Pedro de Atacama por la mañana, en dirección a la Cordillera de los Andes, dejando atrás el oasis y entrando gradualmente en un territorio de mayor altitud.
Poco a poco, el paisaje se abre.
Volcanes, planicies, ríos de deshielo y salares se suceden en un ritmo que invita a la contemplación. Es en ese desplazamiento donde el desierto comienza a revelarse.
La experiencia se desarrolla con un ritmo tranquilo, paradas bien pensadas y acompañamiento constante del guía. La altitud aumenta de forma progresiva, permitiendo que el cuerpo se adapte de manera natural a las condiciones del Altiplano.
Nuestra primera gran parada es en el mirador del volcán Licancabur — ícono del Atacama y símbolo de nuestra agencia.
Allí preparamos un desayuno al aire libre, en un escenario donde volcán, planicie y cielo abierto se combinan en perfecta armonía.
Continuamos por la ruta internacional hacia Argentina, en el Paso Jama, pasando también por la zona del Hito Cajón, cerca de la frontera con Bolivia.
Antes de la siguiente parada, observamos a la distancia algunas de las antenas del Observatorio ALMA, instaladas en la planicie del volcán Chajnantor — una de las zonas más importantes del mundo para la astronomía.
La siguiente parada es el Bofedal de Quepiaco, un verdadero humedal de altura.
Alimentado por deshielo y aguas subterráneas, este ecosistema alberga una rica biodiversidad. En días favorables, es posible observar aves andinas alimentándose en la laguna, generando un fuerte contraste con la aridez del entorno.
Más adelante, llegamos a la zona de los Monjes de la Pacana.
Formaciones rocosas imponentes que emergen en medio del Altiplano como esculturas naturales. El paisaje es abierto, amplio e impactante, reforzando la sensación de estar atravesando un territorio poco intervenido por el ser humano.
Aquí encontramos el Índio de la Pacana — una de las imágenes más representativas de este recorrido.
A lo largo de la ruta, cruzamos distintos salares, humedales de altura y extensas planicies que intensifican la sensación de aislamiento y amplitud.
Y aun así, la vida está presente.
Vicuñas, aves andinas y, ocasionalmente, flamencos aparecen en el camino, perfectamente adaptados a este entorno extremo.
Ya dentro de la Reserva del Salar de Tara, el paisaje vuelve a transformarse.
Lagunas de colores intensos aparecen sobre el suelo claro, resultado de la combinación de minerales, actividad volcánica y evaporación extrema. Caminamos con calma para observar estas formaciones y comprender los procesos que las originaron.
El último punto de la ruta es el Salar de Quisquiro.
Aquí, la sensación de estar en otro planeta se vuelve aún más evidente. Estudios de la NASA indican que este entorno presenta similitudes con paisajes que pudieron existir en Marte hace miles de millones de años.
Y entonces, comienza el regreso.
Poco a poco, el desierto cambia nuevamente. El aire se vuelve más denso, la altitud disminuye y reaparecen los signos de vida del oasis.
Queda la sensación de haber atravesado uno de los paisajes más vastos y silenciosos del Atacama.
Más que visitar lugares, este es un tour para cruzar el desierto con tiempo, presencia y profundidad.
Si buscas vivir el Atacama como una travesía — y no solo como una sucesión de paradas — este es el momento donde esa diferencia se hace evidente.
Por tratarse de un recorrido de gran distancia y altitud, recomendamos realizarlo en los últimos días del itinerario para una mejor aclimatación.
ALTITUDE MÁXIMA: 4.500 metros
RECOMENDADO PARA: la segunda mitad del itinerario

















